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La tarea de la igualdad

  • Jorge Giraldo Ramírez | Jorge Giraldo Ramírez
    Jorge Giraldo Ramírez | Jorge Giraldo Ramírez
25 de julio de 2010
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El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo acaba de presentar su primer informe regional sobre desarrollo humano para América Latina. Hasta ahora lleva más de 20 años publicando el informe mundial y, con muchas inconsistencias, empezó a publicar hace 12 años informes para Colombia. El tema central no podía ser otro: la desigualdad.

América Latina ha sido el continente con la mayor desigualdad social del mundo. Y lo sigue siendo a pesar de la estabilidad económica de los últimos años, el crecimiento por encima de la media mundial y de que fue una de las regiones que mejor afrontó la crisis. Es cuento viejo: cuando a nuestros países les va bien a los pobres no, y cuando a los países les va mal a los pobres les va peor.

Eso significa que la teoría del goteo no funciona. El cuento de la tecnocracia hegemónica en el continente es que si hay bastante crecimiento se derramarán automáticamente los beneficios para los más desaventajados. La teoría del goteo está acompañada de sofisticadas formulaciones económicas, pero es la misma vieja teoría de la migaja: cuando los de arriba estén bastante llenos, y les quede algo, lo dejarán caer? o lo tirarán.

En plena campaña electoral colombiana la ex presidenta chilena, Michele Bachelet, vino al país a decirles a los candidatos que la teoría del goteo no funcionaba. Pues bien, el Presidente electo no sólo ganó las elecciones proclamando la teoría del goteo a los cuatro vientos, sino que ha venido conformando un equipo económico igualito al de los últimos 20 años. Al menos son las mismas caras, ahora esperamos que tengan distintas ideas.

Comentando el informe, Francis Fukuyama ( El País , 22.07) asegura que el problema no está en los ingresos sino en la redistribución (esquema europeo) y en el modelo de tributación (esquema estadounidense). Fukuyama dice que en América Latina redistribuimos mal, pues los beneficios no le llegan a los pobres; los beneficiarios son los ricos y otros sectores con acceso preferencial a las instituciones que reparten. Y termina pidiendo un nuevo contrato social que permita superar la pelea infructuosa entre "la izquierda populista y la derecha oligárquica".

El obstáculo colombiano para realizar este contrato es muy grande. En Colombia las políticas de redistribución son muy claras: las exenciones y los grandes subsidios son para los ricos, los pequeños subsidios para los pobres y los impuestos son para la clase media. Hay que quebrarle el espinazo a esta estructura si queremos empezar a enfrentar la desigualdad como problema crucial, no sólo social sino también económico.

La importancia de este problema está formulada dramáticamente por el pensador estadounidense Ronald Dworkin. Para él la existencia de la desigualdad quiere decir que el gobierno trata con distinta consideración a los ciudadanos. Esto es inadmisible porque el Estado se creó para que tratara equitativamente a todos los miembros de la comunidad política.

Una desigualdad escandalosa, como la que se vive en Latinoamérica, significa lisa y llanamente que el Estado prefiere a unos e ignora a otros.

Esto lo hace el mercado naturalmente, pero la política existe para superar las desigualdades naturales y artificiales.

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