Estaba de buen talante el padre Nicanor, mi tío. Es cuando hay que jalarle la lengua, abordar con él temas a los que suele escurrirles el bulto y obligarlo a hacer referencias comprometedoras, de pronto hasta escandalizadoras.
-Hablemos, padre, del tema del día en Colombia con esto del carrusel de las contrataciones: la corrupción.
-La corrupción administrativa, que no es sólo un tema de actualidad, como crees, sino un asunto histórico, tan viejo como la República de Colombia. Es nuestra herencia maldita.
-¿Herencia maldita?
-Este "festín de robo y despilfarro", como califica el autor, del que te voy a hablar más delante, un hecho de corrupción del pasado, es institucionalmente genético.
-No entiendo muy bien, tío.
-Párale bolas, muchacho. He estado leyendo por estos días un libro, bien escrito y bien documentado, de Víctor Paz Otero, titulado " Las penumbras del general -Vida y muerte de Francisco de Paula Santander "-, publicado por Villegas Editores en 2009.
-Santander y el santanderismo? Tanto que hemos hablado usted y yo de esa herencia incrustada en el talante político y gubernativo de Colombia. He leído varias veces " Santander ", el libro que Fernando González publicó en 1940, cuya circulación fue prohibida por el gobierno liberal del momento, que tanto incomodó entonces y que todavía hoy muchos no le perdonan al escritor envigadeño.
-Pues te cuento que, a mi parecer, el trabajo de Paz Otero, quien supongo también haya sido descalificado en los cenáculos de orientación santanderista de ahora, se apoya significativamente en las tesis de González y en su análisis de la personalidad y las actuaciones del Hombre de las Leyes.
-Pero después hablamos más extensamente de ello, tío, porque usted calificó de herencia maldita a la corrupción y me gustaría saber a qué se refería.
-Leo, pues, en el libro que te comento, lo referente a los empréstitos hechos en Londres por los negociadores del entonces vicepresidente de la Gran Colombia, el general Santander. Negocios y negociados, coimas y pago de intereses para lucro personal, en los que los protagonistas fueron personajes bien conocidos de nuestra historia, cercanísimos al Hombre de las Leyes.
-No me diga. ¿Como cuáles?
-Francisco Antonio Zea, por ejemplo, "una especie de príncipe en alpargatas, vanidoso, esnob y con ridículas pretensiones de cortesano ultramarino", que dice Paz Otero, quien llegó a Europa a negociar empréstitos como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario. Fue desastrosa para el erario de la naciente república la gestión de Zea, pero bien supo medrar de ella, para su propio beneficio y el de su padrino el vicepresidente, a quien quiso casar, entre otras cosas, con su hija española, doña Felipa Antonia Zea y Meihon.
-No se vuelva chismosito, tío.
-Lo cierto fue que hubo que dar por terminada la desastrosa misión de Zea, quien moriría en París en noviembre de 1822. Su reemplazo fue José Manuel Hurtado, a quien Santander asignó por cuenta propia dos asesores, Arrubla y Montoya, un par de comerciantes paisas pícaros, que acabaron de enredar el episodio del empréstito inglés que escandalizó a Santafé de Bogota, en esos años del gobierno de un Santander que fungía prácticamente como presidente, pues Bolívar andaba por el sur del continente coronando la gesta libertadora.
-Para entender la Colombia actual es indispensable conocer a fondo la confrontación entre Bolívar y Santander. Hablemos de eso, padre.
-Otro día será, muchacho. El libro de Víctor Paz Otero, como el de Fernando González, te puede servir mucho para adentrarte en los vericuetos de esa herencia maldita de nuestra historia.
-¿Se refiere a la corrupción o el santanderismo?
-A ambas cosas, sobrino impertinente. Y ya que me llamaste chismoso, no me quedo con las ganas de soltarte éste, que leo en el libro que comentamos. A que no sabes quién fue la abuela del Miguel Antonio Caro, el ínclito y benemérito fundador del Partido Conservador. Pues nadie más ni nadie menos que la apasionada doña Nicolasa Ibáñez, la conocida amante de Santander, mamá por lo demás del poeta José Eusebio Caro.
Ironías de la historia.
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