Hasta curas se acercan a Gustavo Álvarez Gardeazábal para que les firme el libro La misa ha terminado. Esta novela se centra en un escándalo por homosexualidad de sacerdotes.
Gardeazábal, que se goza todo en la vida, disfrutó la escritura de la novela —primera vez que tiene plata para contratar a alguien que estudiara por él temas de teología, que finalmente no usó, pero que eran necesarios porque un autor tiene que saber más de lo que cuenta— y ahora el éxito lo tiene bailando en una pata. Que la provincia valore una buena novela, pues vaya y venga, dice, pero que en la capital del país también haya sido bien recibida...
Parece soportar mejor los males que lo someten a un médico y lo encadenan a una montaña de cajas de medicinas. Llévelas a mi habitación, le solicitó en el lobby a un empleado del hotel en que se hospedó el pasado fin de semana y donde nos reunimos el sábado a hablar de la novela, refiriéndose a un paquete de fármacos que él le había comprado.
Debe haber gozado como un niño la comparsa que lo saludó, tres horas y media después, en la librería Nacional del centro comercial Oviedo. Un grupo apareció allí, de manera espontánea, cuando estaba firmando libros. Actores y actrices vestidos de curas y monjas, tocando cumbias. En el medio, un ataúd del cual salió un "muerto", bueno, un actor que hacía de muerto, para saludar y sorprender al sorprendente escritor, a quien poco o nada lo sorprende.
En fotografías enviadas por su editor, Jairo Osorio, se ve doblado por una carcajada ante el acto... A los de la comparsa, los de la seguridad del centro comercial habrían de "solicitarles amablemente que se retiraran", aunque no al escritor, según Juan Esteban Pérez, "porque no tenían autorización para estar allí y no sabíamos quiénes eran".
Gardeazábal dice que los de la seguridad le pidieron "dignamente" a él que suspendiera su actividad y él "dignamente" lo hizo: detuvo la firma de libros y salió, luego de haber autografiado más de 60 en una hora. Informó a los vigilantes que los artistas hacían parte de la corporación cultural La Tartana, de Itagüí. Estos escándalos deben tener al autor riendo como loco porque él se goza todo y esa, la comparsa que le rindió el homenaje, es una muestra de afecto o, por lo menos, de acogida que suscitaron él y su nueva obra.
La misa
Esa obra, en cuyo trasfondo hay una historia de amor, cuenta varias historias: una, de dos curas que contratan a un sicario para que los mate, ante su incapacidad de suicidarse tras contraer el sida; la de un obispo colombiano, Casimiro Rangel, que asciende rápidamente en la Iglesia valiéndose de sus relaciones, y la de un obispo argentino, Antonio Viazzo, perseguidor de curas homosexuales y afeminados, que llega a ser Papa...
Con esta novela, cuenta, pasó igual que con Cóndores no entierran todos los días: el tema de la violencia partidista estaba ahí, tan cerca de todos, que nadie lo vio y él se interesó en él para novelarlo. En este caso, los escándalos de sacerdotes homosexuales han estado ahí.
Gardeazábal señala las noticias últimas: El papa Francisco apartó del sacerdocio a cerca de 400 sacerdotes por abusar sexualmente de los niños, según un documento obtenido por AP; otra: el Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño ha acusado al Vaticano de tapar los abusos sexuales contra menores por parte de sacerdotes y ha pedido el cese "inmediato" de cualquier sospechoso para que sea puesto ante las autoridades civiles.
La estructura de la novela no es clásica. Combina monólogo interior, narrador omnisciente (que sabe lo que piensan y sienten los personajes), críticas al narrador, pensamientos propios del autor, supuestas cartas tratando de impedir su escritura... Y un lenguaje intencionalmente procaz, con naturalidad.
"También puede leerse como una propuesta a la Iglesia como diciéndole "húrguese. Acepte que hay curas homosexuales y termine el celibato", indicó Gardeazábal. "Y ya no hablemos más porque debo ir a Oviedo a firmar libros".
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