- Un maestro del Juego Ciencia que sigue siendo un ídolo.
El escritor C.J.S. Purdy lo catalogó como el cubano más famoso antes de Fidel Castro. Con la pinta de un Rodolfo Valentino, su carisma, elegancia y buena educación convertían a José Raúl Capablanca en el mejor embajador de Cuba y del ajedrez ante el mundo. Además, siempre se encontraba de buen humor, era muy afortunado con las mujeres, tenía la reputación de ser un playboy internacional y fue el primero y único campeón del mundo del ajedrez hasta la fecha, en conseguir el estatus de celebridad como si se tratara de un actor de cine.
"Era una de esas personas excepcionales que sobresalen en medio de una multitud, cautivando la atención de los demás", escribió Golombek, su biógrafo. Hace 64 años falleció quien todavía hoy es venerado y considerado por muchos quizás como el mejor talento natural que ha tenido la humanidad en el juego-ciencia, y el único latinoamericano que ha sido campeón del mundo en toda la historia.
A la edad de 16 años José Raúl se había ido a vivir a Nueva York para aprender inglés y estudiar Ingeniería Química, patrocinado por un hacendado de Cuba. El cubano comenzó a visitar al Club de Ajedrez de Manhattan, y pronto se convirtió en una sensación por la rapidez y contundencia de su juego. Después de dos años de estudio en la Universidad de Columbia, el hacendado le retiro la ayuda económica al enterarse de que Capablanca dedicaba más tiempo a jugar ajedrez y béisbol, otra de sus pasiones, que a estudiar. En los años 1908 y 1909 realizó, ya como profesional y bajo el patrocinio de la revista American Chess Bulletin, una extensa gira por Estados Unidos con un excelente resultado.
El brillante desempeño facilitó un encuentro con Frank Marshall, campeón de los Estados Unidos, considerado uno de los 10 jugadores más fuertes en el mundo. En 1909, a los 20 años de edad, Capablanca apabullo a Marshall en un match.
En 1911, el isleño era aun desconocido en Europa. El Torneo Internacional de San Sebastián que se jugaba en el balneario Español, era una competencia elite donde solamente jugaban ajedrecistas que hubiesen ganado los primeros puestos de honor en torneos internacionales. Se hizo una excepción con Capablanca, invitado a participar gracias a la insistencia de Marshall. Algunos grandes maestros europeos se oponían a la participación del cubano aduciendo su falta de experiencia y el no haber ganado ningún torneo de categoría elite.
Entre los que más se oponían a su participación estaban los rusos Bernstein y Nimzovitch, quienes públicamente sentenciaron que el cubano era un jugador endeble. ¿Qué pasaría por la mente de Capablanca cuando en la primera ronda se enfrentó al mismísimo Bernstein? No era la primera vez que Capablanca se enfrentaba a jugadores mayores y con más experiencia.
A los 12 años, Capablanca había probado su temple y le había ganado un match al campeón de Cuba, Juan Corzo. Capablanca describiría en su libro Mi Carrera Ajedrecística, como después de perder las primeras dos partidas frente a Corzo, "en la tercera partida hice tablas y me di cuenta que Corzo tenía debilidades en su juego y esto me dio la confianza y valor necesarios". Capablanca no volvió a perder y ganó.
Capablanca venció a Bernstein de manera espectacular con una combinación profunda y bella, aprovechando la subestimación del ruso. Este juego obtuvo el premio a la partida más brillante del torneo. Capablanca escribiría: "Antes del encuentro los participantes me tomaban por una presa fácil teniendo en cuenta su enorme experiencia, pero después se inclinaban más bien a temblar delante de mi o de cualquier manera sentían un respeto profundo hacia mi maestría". El cubano despachó de igual forma a Nimzovitch. Posteriormente Bernstein y Nimzovitch siempre fueron "marranos" del cubano. Después de varios triunfos consecutivos, y sólo una derrota, Capablanca, a los 22 años de edad, conquistó el primer puesto.
En San Sebastián, el cubano también demostró tenacidad para defenderse. En su partida contra Janowski, el campeón de Francia, Capablanca se vio contra las cuerdas durante casi toda la partida, pero no desfalleció hasta que Janowski hizo algunas movidas débiles y el cubano lo venció.
Después del Torneo de San Sebastián, visitó las grandes ciudades de Europa (Londres, Copenhague, Rótterdam, Frankfurt, Berlín, Budapest, Viena, Praga) jugando partidas simultáneas contra los jugadores más fuertes en cada ciudad. Durante toda su carrera ajedrecista, Capablanca participó en unas 500 exhibiciones simultáneas alrededor del mundo.
Emanuel Lasker tendría la defensa de su título contra el cubano después de la primera guerra mundial. En 1921, por fin se logró el esperado match y el cubano ganó el Campeonato del Mundo en La Habana sin sufrir ninguna derrota. Es notable además resaltar que Capablanca no perdió una sola partida durante un periodo de ocho años, entre 1916-1924, en los que participó en cuatro torneos internacionales y dos matches incluyendo el del campeonato del mundo. Por este récord, se empezó a apodar a Capablanca como "la máquina de ajedrez" aduciendo a su estilo casi impecable de juego.
Pero como todo genio, su supremacía se vería afectada con el paso del tiempo por sus propias debilidades humanas y problemas de salud (sufría de presión alta). Después de conquistar el título de campeón del mundo, se empezaron a notar falencias en su juego, ya no tenía esa indomable voluntad de ganar. Se conformaba con movidas buenas y no con las mejores, y aunque seguía ganando merced a su superioridad técnica, ya no demostraba su anterior combatividad. Además, comenzó a sufrir derrotas inesperadas cometiendo errores que delataban su falta de preparación y de concentración. En algunas ocasiones, mujeres atraídas por el cubano se convertían en fuente de su desconcentración en los torneos.
Capablanca participaba en torneos internacionales y en exhibiciones alrededor del mundo, pero podían pasar meses sin que tocara un tablero. Era un buen jugador de tenis, un ávido lector, hablaba varios idiomas y tomaba en serio su trabajo para el cuerpo diplomático de su país. En 1913, el gobierno cubano lo había nombrado representante diplomático con lo cual facilitaba la participación del cubano en torneos internacionales y cubría sus gastos de desplazamiento.
Después de haber perdido el título frente al ruso Alexander Alekhine, en Buenos Aires en 1927, debido fundamentalmente a su falta de preparación y exceso de confianza, (el ruso nunca le había podido ganar hasta ese entonces) Capablanca conquistó notables triunfos internacionales. Obtuvo primeros puestos en Budapest en 1928 y 1929, Barcelona, 1929; Ramsgate, Inglaterra, 1929; Hastings, 1930; New York, 1931, y en Moscú en 1936. Alekhine rehusó darle la revancha al cubano.
Pero el triunfo más importante de esta etapa tuvo lugar en el torneo internacional de grandes maestros de Nottingham, Inglaterra, en 1936, donde participaron todos los ex campeones mundiales vivos: Emanuel Lasker, Alexander Alekhine y el entonces campeón Max Euwe. En ese certamen Capablanca quedó en primer lugar.
Los miles de asistentes al acto de premiación en el Teatro Politeama de Buenos Aires ovacionaron de pie, con una amplia manifestación de afecto y admiración al cubano que recibía la Medalla de Oro por parte del Presidente de la Argentina, como el mejor 1er tablero por encima de Alekhine y Keres.
La Olimpiada de Ajedrez de Buenos Aires en 1939 fue la última actuación brillante del cubano. El analista Panov, comentó sobre una de sus partidas en la olimpiada: "Capablanca hizo gala de tanta ingeniosidad y frescura de razonamiento, que solo queda por lamentar su prematura muerte, acaecida apenas tres años después".
En 1942, a la edad de 53 años Capablanca tuvo un derrame cerebral mientras observaba una partida en el Club de Ajedrez de Manhattan y murió
Fuentes: -Edward Winter, Capablanca: A Compendium of Games, Notes, Articles, Correspondence, Illustrations and other Archival Material on the Cuban Chess Genius José Raul Capablanca, 1888 - 1942, McFarland Publishers, New York, 1989.
Testimonios
El maestro y autor Raymond Keene describió el estilo de juego del cubano: "Se ha escrito con justificación sobre las partidas de Capablanca, que respiran una serenidad, una lucida claridad cristalina, un tipo de modelo de perfección, producto del arte supremo del ajedrez".
El periodista J.E. Shillito, del Sheffield Daily Independent de octubre 9 de 1919, provee un testimonio de la manera como el cubano durante una gira por Inglaterra se comportaba en exhibiciones simultáneas que realizó alrededor del mundo haciendo gala de su maestría: "Nunca se ve perplejo, es un tranvía lógico que aplasta a su oposición por la fuerza de su intuición, que él asegura es pura razón. Anoche las miradas estaban puestas más en él, que en las partidas. Con su mano izquierda en el bolsillo comenzó con una serie de movidas relámpago. Cuando alguno de los jugadores demoraba su movida, tomaba su mano del bolsillo izquierdo para responder y al mismo tiempo con su mano derecha le contestaba al siguiente jugador. Esa manera de hacer dos jugadas al mismo tiempo deleitaba al público".