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En Saiza ya cantan los gallos

  • En la Red están pendientes del proyecto de reconstrucción de las casas averiadas desde 1999. Y a mediano plazo se espera la readecuación del centro de salud, cuyo personal (un médico, tres enfermeras y cinco promotores) está asignado en la Alcaldía de Tierralta.
    En la Red están pendientes del proyecto de reconstrucción de las casas averiadas desde 1999. Y a mediano plazo se espera la readecuación del centro de salud, cuyo personal (un médico, tres enfermeras y cinco promotores) está asignado en la Alcaldía de Tierralta.
01 de enero de 1900
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  • Más de 2.500 agricultores volvieron al pueblo, vacío desde 1999.
  • Auc los habían desterrado, después de una masacre de 11 personas.
  • Campesinos esperan reparación de casas, escuelas y centro de salud.
Por
Glemis Mogollón V.
Enviada especial Saiza (Córdoba)

Jesús Antonio Durango había vivido más de 40 años en Saiza, pero la maleza no le dejó reconocer su rancho al volver de un desplazamiento de casi cinco años. "Cuando llegó, no sabía para dónde quedaba la casa, todo estaba lleno de monte y bejuco. Se paró en una esquina de la iglesia y ahí se guió", cuenta María Margarita Giraldo, al recordar la primera vez que su esposo volvió al pueblo, del que salió en 1999, después de una incursión de las autodefensas.

La pareja de campesinos se convirtió en la pionera de otras 537 familias que, poco a poco, han ido retornando a la región, violentada por las Auc en su afán por expulsar a la guerrilla del Nudo de Paramillo, en las estribaciones de la Serranía de Abibe, en límites entre Antioquia y Córdoba.

"Al mes de haber venido, trajimos a los perros para que hicieran bulla, porque aquí no se oía ni cantar un gallo", recuerda María, una mujer menuda, de 42 años, "nacida y criada" en este corregimiento de Tierralta (Córdoba), rodeado de cerros tupidos de verde, al que se llega más fácil por Carepa.

Tierra de riquezas
La desolación que encontraron los esposos, en febrero del año pasado, era inconcebible hace un lustro.

Saiza, fundada en la década de los 40, con sus 115 casas en el casco urbano, y sus 49 veredas, era una región de la que cada ocho días salían hasta 500 marranos y 250 reses a la feria de Piedras Blancas, en Carepa.

Los camiones salían cargados de maíz, arroz y yuca y los fines de semana se llenaban las ocho cantinas y las tres iglesias (la Católica y dos evangélicas) con la gente de las veredas.

La tarde del 14 de julio de 1999, días antes de que los esposos huyeran del pueblo, las autodefensas llegaron a Saiza, quemaron casas, locales y motores fuera de borda. Antes de irse, reunieron a la gente en la placa deportiva, escogieron a 11 personas, en su mayoría comerciantes, y les dispararon con fusiles.

Al salir, dejaron casi medio pueblo ardiendo y a la gente con tanto miedo, que debieron llegar vecinos de las veredas a recoger y enterrar los muertos que quedaron tirados en la cancha. Y quienes empezaron a salir espantados, se encontraron que en la vereda El Cerro, en la carretera a Carepa, había otros dos muertos, uno de ellos degollado.

"Unos nos fuimos a Carepa, otros salieron para Tierralta, Urrao y hasta a Santa Marta llegó gente de Saiza", comenta Javier Morales, el presidente de la Junta de Acción Comunal de Saiza. Él fue de los pocos que se quedó luego de la matanza, pero a los cinco meses el grupo armado regresó y no mató a nadie, pero advirtió que no quería un alma viviendo en los alrededores.

Fueron días en los que algunos propietarios de finca de Carepa echaron a sus jornaleros porque sabían que la gente del corregimiento trabajaba, por la desesperación del desplazamiento, solo por la comida.

"Había noches en que dormía en un andén en Turbo. Me acabé de tanto pensar en esta tierra, que queda lejos, pero es bendita. Es que uno le saca dos cosechas de maíz al año", se lamenta Adán Quiroz, nacido hace 56 años en Frontino y que se enamoró de la región, cuando llegó en 1977.

Fue de los primeros que dejó su negocio de víveres y cacharros y que ahora intenta recuperar clientela y vecinos. Otros comerciantes incluso abandonaron el pueblo antes de la masacre, pero asfixiados por las vacunas de las Farc.

Lento retorno
La guerrilla hostigó el pueblo dos veces, la última en 1988, cuando atacó el comando de Policía y saqueó el comercio.

María y su esposo huyeron a Medellín durante cuatro años y cuando oyeron que había campesinos que, a pesar de la presencia de las autodefensas, entraban y salían de manera esporádica a las parcelas, se atrevieron a ir más allá y llegaron a vivir, de nuevo, al pueblo.

Aunque para esos días unos 40 saiceños se habían puesto de acuerdo para ir varios días a desmontar algunas viviendas y la zona de la placa polideportiva, el ataque de las Farc a una base de las Auc en El Cerro, en la vía a Saiza, volvió a atemorizar a los desplazados.

Quitaron la maleza, pero se encontraron que durante ese tiempo el centro de salud, la planta de ACPM y las casas que no fueron quemadas estaban saqueadas.

"En enero de este año ya había unas cuantas familias viviendo acá y en una reunión en la Red de Solidaridad (en Carepa) se coordinó mejor el retorno", dice Adán.

Y para el pasado 14 de julio, cinco años exactos después de la tragedia, para cuando Jesús y María no eran los únicos habitantes, sino que tenían de compañía a otras 44 familias en el casco urbano del corregimiento y a otras cerca de 500 en las veredas, se organizó una fiesta para oficializar algo así como la segunda fundación del pueblo de Saiza.

Fiesta y esperanzas
"Se mataron seis cerdos y una vaca y la comida no alcanzó para todos los que vinieron a la fiesta... Algunos creían que la carretera todavía llegaba hasta aquí", cuenta Javier, el presidente de la JAC, sobre la sorpresa que se llevaron muchos al enterarse de que para ir a Saiza hay que caminar tres horas por una trocha, dañada por el paso de las mulas y el invierno, y tapada por el monte que creció desde 1999.

Ese miércoles le abrieron espacio a la rumba, luego de una multitudinaria misa, y a los compromisos de la Red de Solidaridad y la Alcaldía de Tierralta. El líder sabe que es difícil que a la región vuelvan del todo las más de 1.000 familias que allí vivían antes del éxodo, pero confía en que el Gobierno apoye y los grupos armados respeten a los más de 2.500 campesinos que con ganas de trabajar, regresaron a sus tierras.

María también tiene esa esperanza y, ahora, es un jardín y no monte lo que hay frente a su casa en Saiza.

Los perros que llevó para que hicieran bulla ya les ladran a los vecinos y cada mañana a ella y a su marido los despierta el canto de varios gallos.

Compromisos de la Red frente al retorno
La rehabilitación de la vía El Cerro-Saiza, la reparación del puente sobre el río Verde -que comunica con la vereda Panico-, la reconstrucción del centro de salud y la terminación de la escuela, son las principales peticiones de los campesinos que retornaron a esta zona del Nudo de Paramillo.
Francisco Macías, delegado de la Red de Solidaridad de Córdoba, dijo que el compromiso es entregar 178 mil raciones alimentarias. La mitad se llevó el 25 y 26 de junio. El resto y otras 45 mil raciones más se entregarán en 15 días. "Están los recursos para la reconstrucción y dotación de escuelas en Saiza y en las veredas El Cerro, El Llano y Buchegallo". La Alcaldía de Carepa y la Gobernación de Antioquia aportarán maquinaria para rehabilitar el tramo El Cerro-El Llano. Córdoba pondrá la gasolina. Pero de ahí hasta el corregimiento, aún no se definen los recursos. Cuando la vía hasta Saiza existía, el viaje era en media hora en carro desde El Cerro. Ahora queda a tres horas a pie o en bestia.

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