No cabe duda que Jesucristo y Hugo Chávez, dieron su vida para salvarnos.
Al igual que los seguidores de Jesús no usaban papel higiénico, ni electricidad, ni jabón, y no comían pollo, ni mantequilla, en nuestros días, los seguidores de Chávez demuestran votando, que no necesitan esas comodidades imperialistas.
Ambos hacían milagros: mientras Jesús transformaba el agua en vino, Chávez convirtió el petróleo en votos.
De la misma forma que el imperio de esa época, crucificó y dio muerte a Jesús, en nuestros días, un imperio enemigo inoculando el cáncer, mató a Chávez.
Son dos redentores parecidos: alrededor del cuerpo sin vida de Jesús, estaban sus seguidores. En torno al de Chávez, estaban Evo, Piedad y Juan Manuel.
Al igual que luego de su muerte, Jesús subió al cielo y fue recibido por su padre, los chavistas tienen circulando en internet un video que prueba que Chávez ya está en el cielo y que fue recibido por su padre, Simón Bolívar.
Días después del deceso de Jesús, al llegar el día de Pentecostés, estaban reunidos los apóstoles. De repente en la parte de arriba vieron el Espíritu Santo en medio de una ráfaga de viento impetuoso. Lo propio ocurrió hace días en Venezuela: a Nicolás Maduro, apóstol mayor del chavismo, se le apareció un nuevo espíritu santo, mucho más evolucionado, y con forma no de paloma, sino de pajarito.
Los apóstoles de Jesús comenzaron de inmediato a entender el extraño mensaje del Espíritu Santo, aprendiendo en el mismo instante otras lenguas. De igual forma, Nicolás Maduro entendió el lenguaje del pajarito, a quien reconoció como el mismo Chávez, cuando comenzó a revolotear sin rumbo claro, sobre su cabeza.
De la misma forma que Tertuliano y otros, unos 200 años d.C., introdujeron el dogma de la Santísima Trinidad, afirmando que Dios es un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, ahora Maduro, la roca sobre la que Chávez edificó su iglesia, nos reveló el dogma de la "santísima trinidad chavista": padre, hijo y pajarito.
Creo en esas historias que vienen contando desde hace casi 2000 años, y ahora siendo testigo directo, estoy muy contento con esta nueva versión del siglo XXI.
Viendo a Maduro debajo de un árbol, disfrazado de campesino, silbando y hablando sin parar a los demás revolucionarios del padre Bolívar, del hijo Chávez y del espíritu pajarito, siento al igual que los apóstoles de Jesús, una gran necesidad de viajar por el mundo llevando el evangelio del pajarito.
Al igual que el Espíritu Santo tradicional, el espíritu del pajarito también les dio el fruto de la paciencia a sus seguidores, para aguantar el desabastecimiento, la hiperinflación, la inseguridad y el marchitamiento industrial.
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