Desde hace más de 40 años venimos discutiendo la viabilidad de un túnel que nos conecte con Rionegro. Recientemente la Gobernación ha dicho que es inminente el inicio de la construcción de este túnel, que será para uso vehicular y sólo está en espera de su cierre financiero.
Sin embargo, la polémica sigue viva, ya que son diversos los motivos de rechazo a esta decisión. Se dice que con cuatro vías hacia el Oriente, un túnel vehicular sería redundante; que es mucho más efectivo en términos de costo-beneficio mejorar estas vías para que resistan los inviernos. Otras voces señalan que pocas personas querrían meterse al centro de Medellín para tomarlo, sobre todo, con un peaje más caro que las vías actuales.
La discusión de tan anhelado túnel no puede limitarse a sus consecuencias inmediatas de movilidad. No es racional seguir enmarcando esta discusión sólo en relación con la manera como se verá afectado el tráfico hacia Rionegro. La discusión de fondo converge con el modelo de desarrollo urbano que buscamos para nuestra ciudad-región.
Este megaproyecto de 800 mil millones de pesos definirá (debido a su magnitud), el camino que tomaremos en modelar nuestro desarrollo urbano para las décadas siguientes.
Los expertos proponen dos modelos de desarrollo urbano. Uno, dependiente del automóvil particular como conector de los suburbios, rodeando las ciudades modernas, requiere de grandes autopistas que deben ser permanentemente ampliadas para acomodar la demanda vehicular.
Otro, concentrado en la provisión de servicios de transporte público de calidad, valora el transporte colectivo, la sostenibilidad ambiental y las altas densidades de población, en ciudades con centralidades mixtas que combinan comercio, entretenimiento y vivienda. La evidencia demuestra que el modelo "dependiente del carro" no es sostenible.
En nuestra ciudad, solo el 12% de los viajes diarios utiliza el carro, y las calles no dan abasto para acomodarlos. Siguiendo políticas de expansión de vías estilo túnel vehicular se incentiva el uso y la compra de carros, lo cual implica que el número mágico de 12% seguirá creciendo. Rápidamente, entonces, habrá todavía más carros que las vías (expandidas) que podrán acomodar, creando los infames tacos de kilómetros, al mejor estilo de las autopistas interestatales norteamericanas. Lo que nos venden como un "desatraso" en infraestructura será más bien un empujón hacia un modelo anacrónico de desarrollo urbano.
Para ir a la vanguardia es vital recuperar el proyecto de túnel férreo hacia el Oriente. Una conexión con el metro, desde Medellín hasta el aeropuerto sería -según lo demostraron los estudios hechos durante la gobernación de Aníbal Gaviria- más eficiente, ecológica, y menos costosa en mantenimiento y construcción (la iluminación y los extractores de aire para carros son más caros).
Con tantas ciudades latinoamericanas esforzándose para construir metro -como Bogotá-, a veces pareciera que nuestros dirigentes olvidan que en Medellín ya lo tenemos; es de calidad mundial, y merece ser expandido para conectar el Oriente de manera eficiente y ambientalmente sostenible.
Futurístico no sería un túnel vehicular, sino que los visitantes internacionales llegaran al José María Córdova y directamente se montaran en un metro limpio y seguro que los deje en cualquier lugar del Valle de Aburrá, en minutos y bajo cualquier condición climática.
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