Se cree que la filósofa Ayn Rand , fue quien primero definió la palabra Ineptocracia, como una nueva forma de gobierno o una deformación de la democracia, entendida como: “Un sistema de gobierno, donde los menos capaces de gobernar son elegidos por los menos capaces de producir, y donde los miembros de la sociedad con menos posibilidades de mantenerse a sí mismos o tener éxito, son recompensados con los bienes y servicios pagados por la riqueza confiscada y la disminución del número de productores”.
Probablemente la definición es un poco egoísta, pues va en contravía del papel que deben ocupar los gobiernos en ayudar a los más pobres para salir adelante en medio de la desigualdad. Lo que sí hay que reconocerle a la definición, es que evidencia una conexión directa entre los ineptos y la facilidad para llegar al poder, dándose vitrina, mientras reparten la plata de los impuestos que nunca han sudado.
¿Vivimos en una Ineptocracia? Veamos algunos ejemplos:
Escuchar a Petro y a Germán Vargas , sin pegar un ladrillo, peleando por un lote de tierra para construir viviendas gratis e inundadas en Bogotá, preocupa, pues de acuerdo con el Principio de Laurence Peter, ambos, por evidente falta de gestión, podrían nunca, llegar a la Presidencia. El Principio de incompetencia de Peter, afirma que las personas que realizan un buen trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia.
Santos, en la última crisis ministerial, al rotar a los ministros no cambió nada importante, pero al final logrará demostrar el corolario de Peter que dice: “Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones”.
El Presidente, desde su posesión, nombró a varios miembros y directivos de los partidos que no lo apoyaban, todo, para evitar opositores. Él sabía que según el Principio de Dilbert: “las organizaciones tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar”.
Mientras perdemos productividad por falta de uso de los vehículos y nos educamos pagando multas, seguimos eligiendo alcaldes ineptos que no tienen la capacidad de construir intercambios viales.
En los puestos públicos vamos ubicando toda suerte de incompetentes que se inventan trámites, invierten las prioridades y le borran ceros al billete, porque al Estado le sale “barato” y sin preguntarse cuánto le cuesta a las empresas privadas el cambio. Bien decía Cyril Parkinson de los burócratas enredadores: “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”.
Si Colombia no es una Ineptocracia, entonces estamos es en una amnesiocracia.
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