Hemos sido críticos con el alcalde Aníbal Gaviria. Primero por su lento despegue, pues no arrancan aún las obras prometidas, como igual lo hemos dicho del gobernador, Sergio Fajardo.
Segundo, por el clima de inseguridad que atenta contra el posicionamiento que ha venido ganando la ciudad y, tercero, por la poca valoración que hicieron sus técnicos del impacto que en los bolsillos de los ciudadanos tendría un reajuste súbito en las tarifas del predial, así haya sido dentro del necesario proceso de actualización catastral para recuperar el atraso de cinco años en la valoración de los predios.
A raíz de los resultados de la última encuesta del Gallup-Poll, de Invamer, podemos observar que no estábamos equivocados y que, por el contrario, debemos ser más contundentes, por el bien mismo de Medellín, sobre aquellas falencias y desaciertos que están afectando a los habitantes y que los llevan a considerar que las cosas están empeorando, perdiéndose paulatinamente el tradicional optimismo de su gente.
La insatisfacción ciudadana le pasó a Aníbal Gaviria una alta factura a su imagen como líder, la cual cayó 18 puntos, con relación a la última medición, en diciembre de 2012.
La encuesta coincidió con ese ambiente sombrío que se respira en la ciudad por la violencia y el cobro del predial, contra lo cual se han escuchado opiniones críticas de gremios, columnistas y diversos sectores de la sociedad.
Y más, entre los habitantes de El Poblado donde se presenta la confluencia de dos gravámenes por el próximo derrame de la valorización, lo que constituye una pesada carga, que exige una salida inteligente para diferir los cobros sin aplazar las obras.
Tanto el recaudo del impuesto predial como la construcción de obras por el sistema de valorización son necesarios para que Medellín cuente con la infraestructura que su desarrollo requiere. Pero sumarlos resulta inconveniente e insostenible para la economía familiar.
En cuanto a la inseguridad, nos hemos ceñido a los hechos concretos. La realidad de algunos sectores de Medellín en la actualidad es delicada y preocupante: amenazas a colegios en Robledo; paro de transportadores y zozobra en la parte alta de Caicedo, en la comuna 8, y cierres del comercio, en la 13.
Es necesario tener el equilibrio para leer la ciudad en todos sus matices y escenarios. Hay avances que estimulan la inversión y desarrollos urbanos que motivan la esperanza, pero es indiscutible la sucesión de hechos delictivos que golpean a los ciudadanos en varios sectores de la ciudad.
Cada que informamos sobre los hechos de violencia protagonizados por la delincuencia organizada y por el crimen común se siente en los foros digitales de los lectores aquella inmensa preocupación por la falta de liderazgo de las autoridades civiles y de mayor eficacia de la Policía y de la Fiscalía, en la contención del crimen y la defensa de los ciudadanos más vulnerables en las comunas populares. Así que hay una estrecha relación entre estas percepciones y el resultado desfavorable de las encuestas.
Lo mismo sucede en el ámbito nacional con la imagen del presidente Juan Manuel Santos, que continúa descendiendo hasta llegar al 44 por ciento, en la última medición.
Por primera vez la opinión negativa de los colombianos es superior a la favorable, por temas tan sensibles como la negociación con las Farc, el desempleo, los asuntos ambientales y los anuncios sobre obras de infraestructura vial que no cumplen las expectativas.
Por el bien de la ciudad y del país quisiéramos que las cosas fueran distintas. Los hechos son tozudos, pero hay tiempo para rectificar y actuar.
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