El aire que se respira en Medellín y el Valle de Aburrá enferma y mata. Y no es una afirmación gratuita: se respalda en el más serio estudio que sobre la materia se ha hecho acá.
A lo largo de las 109 páginas de la investigación Contaminación atmosférica y efectos en la salud de la población de Medellín y su área metropolitana queda claro que algo pasa y se desprende que la solución está más allá de reducir cierto tipo de vehículos.
El habitante de este valle en medio de montañas que impiden la renovación del aire se enferma y muere más por la contaminación que el poblador del Oriente cercano, de Bogotá y, en general, que el resto de colombianos.
"Hemos podido constatar que la exposición crónica al material particulado (60-70 ug/m3 P10) genera un exceso de mortalidad general por enfermedades cardiovasculares, por enfermedades respiratorias crónicas y especialmente por cáncer de pulmón, si se comparan las tasas con las poblaciones que habitan ambientes con aires más limpios en la meseta del oriente antioqueño (20-30 ug/m3 PM10), lo cual concuerda con los estudios reportados en la literatura especializada".
Una situación inquietante, más al considerar que las normas colombianas son laxas, lo que sugiere que aún su cumplimiento causa serios problemas a la salud.
En casi todos los países de la región, el límite al material particulado de 10 micrones (PM10) es de 50 microgramos por metro cúbico, mientras en Colombia es 70.
Un gran contribuyente a las enfermedades cardiorrespiratorias y al cáncer de pulmón es el contenido de azufre del diesel, crítico para determinar el nivel de las partículas en las emisiones. Hoy y durante muchos meses más será de 4.000 partes por millón.
Los indicadores encontrados en el estudio no dejan lugar a las palabras.
Con respecto a los pobladores del Oriente, los de Medellín presentan un 20 por ciento más de congestión nasal; un 12,2 por ciento más de dificultad respiratoria; un 17,7 más de tos; de estornudo un 22,5 más; 24,1 por ciento más de ardor en los ojos; y un 9,5 por ciento más de garganta irritada.
Pero no solo se afecta en lo físico. La contaminación incide en la salud mental.
El índice de angustia en la capital antioqueña es del 37,7 Medellín, 19,8 en el Oriente. El de agotamiento 53,6 frente a 28,5. La depresión de 20,7 y en Oriente 11,4. El desespero es del 33,5 frente a un 21,6 en Oriente.
En exceso se presenta la rabia: 45,8 en Medellín frente a 31,3 y la irritabilidad: 73,7 acá y 50,8 en el Oriente.
De la mortalidad
Lo más grave viene aquí: La mortalidad por enfermedades cardiorrespiratorias tiene una tendencia al aumento en los últimos 25 años, de 2.983 a 4.520 casos, un 23 por ciento más que en Oriente y 35 más que en Bogotá.
La mortalidad por enfermedades respiratorias crónicas: la tasa era de 16,7 por 100.000/habitantes en 1980. Hoy es 150 por ciento mayor.
Es un 92 por ciento más alta que en Bogotá y un 87 con respecto a Colombia.
De 175 muertes por cáncer de pulmón en el año 1980 se pasó a 481, con tasa de 20,4 en 2004.
Esta mortalidad es 2,5 veces mayor que en Bogotá y 2,7 veces más alta que en el resto del país.
El comportamiento de la mortalidad por estas causas en el área metropolitana es muy similar al de Medellín.
Para los investigadores, "esta mortalidad está muy asociada con una mayor exposición al material particulado: un incremento de 10 ug/m3 PM10 estaría asociada con un incremento hasta del 20 por ciento en muertes por esta enfermedad (cáncer de pulmón)". Por cada 10 ug/m3 PM10 adicionales aumenta 1,26 el número de muertes por 100.000/hab.
El estudio realizado por Elkin Martínez López, Carlos Mario Quiroz, Fernando Daniels Cardozo y Alexandra Montoya Ospina, del Centro de Investigaciones Facultad Nacional de Salud Pública, es enfático al concluir: "En relación con la mortalidad es evidente que en Medellín y su área metropolitana algo serio está ocurriendo por enfermedades relacionadas con la contaminación del aire".