La semana pasada, la población mundial que se define como católica, recibió con júbilo el nombramiento del papa Francisco, quien ha dado francas muestras de humildad y sencillez. Mientras que el 20%, musulmán apenas sí se habrá dado cuenta ni de la elección del santo Padre católico, ni de la inauguración de la planta termosolar más grande del mundo.
En medio de la zona desértica de los Emiratos Árabes se encuentra la planta ubicada en una superficie de más de 2 kilómetros cuadrados, donde se espera generar cerca de 100 megavatios de energía proveniente de la luz del sol, capaces de abastecer 20.000 casas. La infraestructura fotovoltaica permitirá a los Emiratos tener energía limpia a largo plazo.
Y es que ellos con más de la tercera parte de la población con menos de 25 años, como nosotros deben de pensar en un desarrollo sustentable con crecimiento económico, pues para 2020, requieren más de 70 millones de empleos. Por eso tienen diversas herramientas de emprendimiento como Wamda: una plataforma en línea que brinda soluciones en educación, creación de comunidades e intercambio de las mejores prácticas.
También cuentan con el Qatar Science & Technology Park, un parque tecnológico, y el Programa de Badir, de incubadoras de base tecnológica en la Ciudad Rey Abdulaziz para la Ciencia y Tecnología, donde se dispone de un fondo de 20.000 millones de dólares.
Así las cosas, países islámicos como Qatar, están creciendo su inversión en investigación desde el 0’8% hasta un 2’8% de su PIB. Turquía crece su inversión en un 10% anual entre 2005 y 2010. A pesar de todos los petrodólares invertidos, el mundo islámico tiene un reto gigante en emprendimiento: la gran mayoría de la población local recibe considerables pagos de asistencia social del Estado, por lo que no es atractiva la idea trabajar o crear empresas.
Un esfuerzo grande que han emprendido los países islámicos es la generación de espacios para la formación de capital humano en la Ciudad de la Educación en Doha, que junto con la creación de universidades de élite en Arabia Saudita y Qatar, permitirán tener profesionales altamente formados para desarrollar procesos tecnológicos.
No se puede olvidar el primer acelerador de partículas del Medio Oriente, se estableció en Jordania. El SESAME es un laboratorio internacional de física que fue creado para ser un punto de encuentro entre científicos de los países enemigos, en tiempos de enfrentamientos.
Conscientes de la necesidad de fortalecer los lazos de cooperación en el mundo musulmán, respecto a la generación de avances científicos y tecnológicos, recientemente Kazajistán propuso crear un centro internacional de innovación entre los países de la Organización de la Conferencia Islámica. Ojalá que sea posible un resurgir de la ciencia islámica.
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